Susana Vidal, veterinaria «La nueva normativa conlleva más burocracia y gasto en la prescripción de medicamentos»

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Susana Vidal, veterinaria, nos pone al corriente en la aplicación de la nueva normativa que ha entrado en vigor, a partir del día 2 de febrero, y que afecta a todos los animales, incluso a los de compañía.

El Real Decreto 666/23 de 18 de julio, regula la distribución, prescripción, dispensación y uso de medicamentos veterinarios. No es de reciente aprobación, fue publicado en el B.O.E. núm. 172, de 20 de julio de 2023 y entró en vigor al día siguiente de su publicación.

Sin embargo, es de cierta actualidad, por cuanto en su Disposición Final Quinta especificaba que lo dispuesto en su artículo 39.1 en lo relativo a la comunicación de los datos de prescripciones veterinarias de antimicrobianos para animales de compañía, sería de aplicación a partir del 2 de enero de 2025.

En las clínicas veterinarias de pequeños animales se han visto factores que han influido negativamente:

Mayor Burocracia:

La carga administrativa del RD 666/23, junto con el requisito de usar PRESVET o sus homólogos autonómicos, implica un aumento significativo de la burocracia. En su gran mayoría atienden casos individuales, lo cual multiplica los trámites.

Carencia de estructura:

El decreto parece no haber considerado suficientemente la realidad operativa diaria de las clínicas veterinarias, que no tienen la infraestructura administrativa robusta que tienen las explotaciones ganaderas, tratándose en la mayor parte de los casos de PYMES, es decir, clínicas a cargo de un veterinario autónomo, o bien pequeñas clínicas de trabajo asociado.

Menos Flexibilidad y restricciones inaplicables:

La regla de prescribir envases enteros, sin flexibilidad para adaptarse a la dosis específica necesaria, resulta costosa y genera desechos. Las restricciones, como exigir identificación electrónica obligatoria antes de los tratamientos, pueden ser difíciles de cumplir para animales de compañía no identificados, algunas veces por edad, otras por situaciones de tenencia irresponsable u otras, pudiendo limitar el acceso de estos al tratamiento inmediato y adecuado. Por otra parte, dividir los antibióticos en categorías e ir “escalando” en función de su efectividad, puede retrasar el tratamiento, agravando la patología de base, a la vez que cuestiona el criterio profesional del veterinario.

Costes Ocultos y Falta de Accesibilidad:

El incremento de costes y las barreras administrativas pueden disuadir a los responsables de animales de buscar atención veterinaria, disminuyendo o eliminando la atención médica adecuada para sus animales, impactando también en sus ingresos. También es un elemento negativo el IVA veterinario para pequeños animales, que sigue instalado en un 21%, (a diferencia del 10% del IVA sanitario ganadero) que aumenta considerablemente la carga económica sobre los responsables.

Estos factores hacen que, mientras la regulación pueda haber sido efectiva e, incluso, exitosa en el ámbito ganadero, su aplicación genera conflictos significativos cuando se traslada a las clínicas de pequeños animales, requiriendo de una revisión y ajuste deseable mediante la oportuna participación del sector, así como mayor detalle y fijación de supuestos excepcionales para para ser efectivamente implementada en dicho contexto.

Se puede concluir que PRESVET se ha adaptado del modelo ganadero al ámbito de los animales de compañía, un sector que no es equiparable al anterior por sus diferencias estructurales. Por otra parte, representa apenas el 1% del consumo de antibióticos veterinarios, lo que pone en entredicho la urgencia de su implementación, que por otro lado es valorada como poco participada y deficiente en su planificación y ejecución.

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