La Romeria de Benicalaf está en riesgo de desaparecer?

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Texto de: Joaquín García /Historiador

Hace casi 50 años que llegué a estas tierras y ¿cómo no? me resultó muy interesante la ciudad de Sagunto; pero también, al poco tiempo, los pueblos de La Baronía atrajeron mi atención y me resultaron sorprendentes los pueblos de “Los Valles”; por sus muchos atractivos, que todos conocemos y que no es momento de enumerar.

Años después, por inquietud personal o por deformación académica, tratando de conocer mejor el mundo y la gente que me rodeaba, me interesé por la documentación existente en los archivos municipales de los pueblos de Los Valles y por investigar su contenido efectivo, ya fuera de carácter demográfico, económico, social, religioso, etc.; objetivo que está prácticamente concluido. Una investigación que ha implicado miles de horas de trabajo y, hasta ahora, ha visto un hermoso fruto: la publicación de un libro sobre Quart de Les Valls y su archivo, financiada por su ayuntamiento.

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Jesús Peñarrocha Altabella /Cronista Oficial de Benavites

Pero bueno, este preámbulo venía a cuenta de otra cosa: la “Romería de Benicalaf”; en efecto, durante el prolongado lapso que ha significado mi trabajo en los archivos, he tenido la oportunidad de conocer, acompañar, participar y disfrutar de la romería; pero también, de lamentar alguna actuación y conocer la situación actual.

Una iniciativa surgida por el conocimiento histórico del cronista Jesús Peñarrocha y por la inquietud pastoral de curas como los recordados Ramón Micó y Joseph Martínez y, claro está, por el apoyo y la colaboración entusiasta que encontraron entre los hombres y mujeres creyentes y los vecinos y vecinas de Los Valles; porque todos saben que el pueblo de Benicalaf, desapareció como tal hace más de 150 años…, allá por el 1856, aunque la iglesia se siguiera utilizando de forma esporádica.

¿Qué motivos había para realizar una romería en un pueblo que no existía? Para mí eran una incógnita.

Para nada participé en sus inicios, pero he sabido que se trataba de celebrar el centenario de la vinculación de la iglesia de Benicalaf a la parroquia de Benavites (en 1902) y el jubileo de la Porciúncula concedido por el Papa Pio VI a Benavites (en 1799); también, con el transcurso del tiempo, he conocido que aparte de los aspectos específicamente religiosos, había otras motivaciones de interés, en efecto: los habitantes de Benicalaf se dispersaron entre los pueblos de Los Valles, por lo que sus descendientes son algunos de sus actuales vecinos y vecinas; otro motivo era tratar de recuperar la iglesia del pueblo, con hermosos frescos que cubren la bóveda y parte de las paredes, que quedó aislada en medio de los naranjos y muy deteriorada por el maltrato recibido a lo largo de los años y, en fin, siempre es placentero pasar un día de convivencia con personas que sientes próximas afectivamente, bien relacionadas como vecinos y hasta parientes más o menos cercanos.

La romería consiste fundamentalmente en una procesión, con la imagen de Nuestra Señora de los Ángeles y la de San Francisco de Asis, que se inicia en horas de la madrugada del primer domingo del mes de agosto, la cual recorre los cinco pueblos actualmente existentes en Los Valles, la celebración de una Eucaristía en la parroquia de Benavites, con gran fervor y un entusiasmo popular que llenaba a rebosar de asistentes el templo y la plaza de la iglesia; posteriormente se realiza una procesión hasta el que fuera templo parroquial de Benicalaf, todo ello acompañado por las tonadas tradicionales de la dolçaina y el tabalet; con un amigable y generoso ágape como colofón, en un espacio contiguo al templo.

Quienes me conocen personalmente saben que no soy persona “procesionera”, pero el atractivo de estos pueblos y las razones que he ido conociendo motivaron mi asistencia y participación parcial en la romería desde hace doce o catorce años, aunque alguno no pude asistir por encontrarme fuera del país. Durante estos años, he podido contemplar cómo la romería ha tenido su época de desarrollo, de reconocimiento social y de numerosa participación de feligreses y de vecinos de los diferentes pueblos, que llenaban totalmente la plaza de la iglesia y tanto o más el mismo templo, donde no cabía “ni un alfiler”.

Sin embargo, como toda obra humana, también surgieron épocas de inquietud y de descontento; principalmente, a mi entender, por la incomprensible actuación de un nuevo párroco, joven salido de ciertas hornadas seminarísticas, que tuvo la habilidad de enfrentarse a prácticamente todo el mundo: creyentes, no creyentes, paisanos y autoridades; sin que faltara, al parecer, algún desplante al cura que inició y fomentó la romería; lo que afectó notablemente a la participación de feligreses y de vecinos, vaciándose progresivamente la plaza de asistentes, como también el templo y, por ende, la romería. Por suerte, este cura ya marchó; creo que para estudiar teología en Roma; espero que entienda alguno de los mensajes del papa Francisco.

La romería recibió un golpe posterior, como tantas otras actividades, con motivo de la pandemia que tanto ha afectado a las personas, a la convivencia y a las actividades sociales de toda índole.

En la actualidad, los feligreses y los vecinos que más interés y colaboración personal han prestado en el desarrollo de la romería están algo cansados y desmotivados, por los largos años de esfuerzo y dedicación, lo que es de reconocer y agradecer; al parecer, no surgen nuevos apoyos entre los vecinos, para colaborar en la realización de las tareas inevitables que siempre implican estas actividades altruistas.

Sería muy lamentable que una actividad tan atractiva, llena de sentido humano y cultural, fomentada y llevada a cabo con el esfuerzo de la gente del pueblo se interrumpiera. Más allá de su aspecto religioso, una iniciativa social, vecinal y participativa tan amigable merece la pena ser apoyada.

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